Dos artículos de opinión
La semana pasada realizamos dos pruebas de evaluación con dos artículos de opinión que os dejaron un poco desconcertados. Os los copio a continuación:
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REINO ANIMAL Me gustan
los grillos y el croar de las ranas en una charca en las noches de verano y
también a la hora de la siesta el sonido frenético de las cigarras. Odio las
cucarachas que al encender la luz de la cocina se esconden bajo el fregadero
y los mosquitos aplastados en la pared de la habitación de un motel
abandonado, pero no al escarabajo pelotero que se guía por la Vía Láctea al
arrastrar su bola de estiércol. Me gusta el canto del cuco en los atardeceres
de primavera y el grito de los vencejos recién llegados y el paso de un bando
de torcaces que nadie sabe de dónde viene ni adónde va. Odio los pájaros
enjaulados y los acuarios donde los tiburones dan vueltas y vueltas buscando
la presa y al final se conforman con comer su propia harina de pescado. Me gustan
los peces voladores y aquellos delfines que salían a flor de agua a recibirte
en la travesía a Ibiza. Odio los leones de los escudos y banderas y también
los que, en el circo, lejos de devorar al domador, después de tantos rugidos
y zarpazos acaban por pasar por el aro y sentarse en un taburete y también al
guepardo que al final de la belleza de su espléndida y elástica arrancada se
come a la gacela que comparte con las hienas. Me gustan los toros en el
campo, los caballos montados por jinetes elegantes, los perros que mueven el
rabo con alegría aunque llegues derrotado a casa, los que acompañan a los
mendigos que duermen en la calle, los que juegan con los niños y persiguen a
las mariposas en el parque, los que tienen en brazos las ancianas como único
consuelo de su soledad, los que descubren los muertos y heridos bajo los
escombros, los que llevan a los ciegos a un concierto y conocen todos los
movimientos de una sinfonía de Mozart, los que lo saben todo de tu vida con
solo mirarte a los ojos. Hubo un tiempo en que los animales eran dioses. En
esas estamos hoy, animal o dios, esa es la cuestión. (Manuel Vicent,
El país, 14 de enero de 2024) |
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HOMBRES SABIOS: LA DESESPERACIÓN COMO MATERIA PRIMA Salí a correr por lo que llamo “circuito clásico”,
ocho kilómetros que pasan por un cementerio y varios talleres mecánicos hasta
internarse en una calle amparada por árboles altísimos que parecen beber del
cielo como si fuera una vena de luz. Cuando corro así, en un día como este,
hecho de agua, sólo puedo pensar en aquel verso de Anne Carson: “Aquí tenéis
mi consejo. Aguantad. Aguantad la belleza”. Voy sostenida por las voces de
hombres sabios. El gran G., que alguna vez me dijo, en medio de un malicioso
olor a trementina que ascendía desde su taller: “Al fin y al cabo ningún
artista se salva de encontrarse consigo mismo demasiado pronto; la
experiencia de encontrarte a vos mismo mucho antes de lo que podés”. El gran
F., que el otro día en su casa, mientras fumaba un poco y tomábamos té, me
dijo una frase del pianista y compositor argentino Gerardo Gandini: “Que lo
imprevisto se torne necesario”. Son frases que me leen a mí mejor de lo que
yo las leo a ellas, por tanto, es una lectura poderosa. En las obras completas
de Sigmund Freud hay algo que él aplica a sus pacientes: “Uno no debe
creerles. Uno debe suponer siempre, y también exteriorizarlo, que ellos se
reservan algo porque no lo consideran importante o lo sienten penoso. Uno
persevera en esto, repite la presión, se finge infalible, hasta que
efectivamente se entera de algo”. Es el trabajo de una vida: uno no debe
creerse, uno debe repetir la presión, fingirse infalible hasta que algo,
efectivamente, se presenta como si hubiera sido dicho por otro. Así que yo
presiono, insisto, y lo que sale esta mañana, corriendo entre los vivos y los
muertos, es la frase que me dijo el gran D. hace dos noches, cuando me vio
con la mirada perdida, me preguntó en qué estaba pensando, le dije: “Intento
escribir, pero se me escapa”, y me respondió: “Tu materia prima es la
desesperación. Usala”. (Leila
Guerriero, El país, 3 de enero de 2024) |
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